¿Qué diferencia hay entre un carro convencional y un carro eléctrico?
Cuando pensamos en un carro para la compra, la mayoría imaginamos un modelo tradicional de dos o cuatro ruedas que debemos empujar o tirar de él durante todo el recorrido.
Durante años ha sido la solución habitual. Sin embargo, las ciudades han cambiado y también lo han hecho las necesidades de las personas.
Cada vez recorremos más distancia, encontramos más cuestas y seguimos conviviendo con edificios sin ascensor o accesos complicados. En estas situaciones es donde aparece la principal diferencia entre un carro convencional y uno eléctrico.
El esfuerzo lo sigue haciendo la persona
Un carro convencional es una herramienta sencilla y práctica, pero toda la fuerza necesaria para mover la carga depende de quien lo utiliza.
Cuando el peso aumenta o aparece una pendiente, ese esfuerzo también aumenta.
Muchas personas terminan haciendo descansos, cambiando de mano o evitando determinados recorridos simplemente porque transportar peso deja de ser cómodo.
Un carro eléctrico ayuda cuando más lo necesitas
El objetivo de un carro eléctrico no es sustituir a la persona, sino ayudarla cuando el recorrido se vuelve más exigente.
Especialmente en situaciones como:
subir una cuesta,
recorrer largas distancias,
transportar compras pesadas,
mover herramientas o materiales de trabajo,
superar barreras urbanas.
Reducir el esfuerzo puede marcar una gran diferencia en el día a día.
No todas las ciudades son completamente accesibles
Aunque las ciudades evolucionan continuamente, todavía existen miles de calles con pendiente, barrios construidos sobre desniveles y edificios sin ascensor.
Para muchas personas, transportar peso sigue siendo una tarea física que se repite varias veces por semana.
Por eso creemos que la movilidad también debe incluir la forma en que movemos nuestras cargas cotidianas.
En LEMSmobility seguimos validando cada solución
En LEMSmobility no queremos lanzar un producto sin comprobar antes que realmente aporta valor.
Por eso estamos desarrollando y probando nuestros prototipos en situaciones reales, observando cómo responden en cuestas, escaleras y recorridos urbanos.
Cada prueba nos ayuda a mejorar el diseño antes de fabricar la primera serie piloto.
Mirando al futuro
La movilidad eléctrica ya forma parte de nuestra vida en coches, bicicletas y patinetes.
Creemos que también puede transformar algo tan cotidiano como transportar una compra, unas herramientas o cualquier otra carga por la ciudad.
Nuestro objetivo es seguir desarrollando soluciones que permitan mover peso con menos esfuerzo y hacer que las barreras urbanas tengan cada vez menos impacto en la vida diaria.
Como subir la compra a un quinto sin ascensor
Hay un momento que muchas personas conocen bien.
La compra ya está hecha.
Las bolsas pesan.
Has llegado al portal.
Y entonces aparece el verdadero obstáculo: cinco plantas sin ascensor.
En ese instante, la compra deja de ser simplemente una tarea cotidiana para convertirse en un esfuerzo físico que muchas personas afrontan cada semana.
No suele ocurrir una sola vez. Ocurre una y otra vez.
El problema no empieza en la primera escalera.
Empieza mucho antes.
Cuando eliges productos más ligeros.
Cuando decides no comprar varias garrafas de agua.
Cuando dejas para otro día aquello que pesa demasiado.
Cuando repartes la compra en dos viajes.
Poco a poco, el esfuerzo empieza a influir en las decisiones.
Y muchas veces ni siquiera somos conscientes de ello.
No es cuestión de fuerza.
Una persona puede estar perfectamente sana y caminar sin dificultad.
Sin embargo, subir veinte kilos por varias plantas supone un esfuerzo muy distinto.
Cada escalón obliga a levantar el peso una y otra vez.
El cansancio se acumula.
Los brazos empiezan a fatigarse.
La espalda trabaja más de lo habitual.
Y lo que parecía una compra normal termina convirtiéndose en una tarea agotadora.
¿Qué hacen hoy la mayoría de las personas?
Cada uno encuentra su propia solución.
Algunos hacen dos viajes.
Otros compran menos cantidad.
Hay quien pide ayuda a un familiar o a un vecino.
Y también hay personas que simplemente intentan aguantar el esfuerzo.
Y muchas personas, cuando tienen la posibilidad, prefieren alargar el recorrido para evitar una escalera o una cuesta pronunciada. No porque ese camino sea más corto, sino porque resulta menos exigente físicamente.
Con el tiempo, esos pequeños cambios terminan modificando la forma de hacer la compra, los recorridos habituales e incluso los comercios que se eligen.
Ninguna de estas opciones elimina realmente el problema.
Solo ayudan a convivir con él.
Una pequeña reflexión.
Imagina que sujetas una bolsa de la compra durante unos segundos.
Probablemente no te supondrá ningún esfuerzo.
Ahora imagina que tienes que mantener ese mismo peso mientras recorres varios cientos de metros y subes cinco plantas de escaleras.
El peso no ha cambiado.
Lo que cambia es el esfuerzo acumulado.
Muchas veces no es el objeto lo que resulta pesado.
Es la distancia, el tiempo y las barreras que encontramos por el camino.
Pensar la movilidad de otra manera.
Durante años hemos mejorado la forma de desplazarnos.
Han aparecido bicicletas eléctricas, patinetes eléctricos y muchos otros medios que reducen el esfuerzo para movernos.
Sin embargo, cuando llega el momento de transportar la compra hasta casa, millones de personas siguen enfrentándose prácticamente al mismo reto de siempre.
Quizá ha llegado el momento de empezar a pensar también en la movilidad de lo que transportamos.
Reflexión final
No todas las barreras urbanas nos impiden avanzar.
Algunas simplemente hacen que una tarea cotidiana requiera mucho más esfuerzo del necesario.
Y cuando ese esfuerzo se repite semana tras semana, acaba formando parte de nuestra forma de vivir.
Lo que hemos aprendido hablando con personas reales
Antes de diseñar cualquier producto existe una pregunta fundamental:
¿Estamos resolviendo un problema real?
Para responderla salimos a la calle.
Hablamos con personas de diferentes edades y situaciones para comprender cómo transportan peso en su día a día.
Descubrimos que muchas personas transportan regularmente entre 10 y 30 kilogramos.
También observamos que los principales obstáculos son:
Las cuestas.
Las escaleras.
El esfuerzo acumulado.
La fatiga física.
Pero hubo algo que nos llamó especialmente la atención.
La mayoría de las personas afirmaron que recomendarían una solución capaz de reducir ese esfuerzo siempre que fuera sencilla de utilizar.
Además, varias personas decidieron dejar sus datos de contacto para participar en futuras pruebas del producto cuando esté disponible.
Para nosotros esta es una señal muy importante.
Significa que el problema existe.
Y cuando existe un problema real, merece la pena buscar una solución real.
Seguiremos escuchando, aprendiendo y mejorando.
Porque las mejores soluciones nacen de las necesidades de las personas, no de las suposiciones.
El problema invisible de vivir en un edificio sin ascensor
Para muchas personas subir unas escaleras puede parecer algo normal.
Pero cuando llevas varias bolsas de compra, una caja pesada o cualquier carga voluminosa, la situación cambia por completo.
Miles de edificios en España siguen sin disponer de ascensor.
Esto significa que muchas personas deben subir diariamente varios pisos cargando peso.
Con frecuencia aparecen situaciones como:
Cansancio físico.
Dolor de espalda.
Molestias en hombros y brazos.
Menor frecuencia de compra para evitar cargar peso.
Dependencia de familiares o vecinos.
Lo más llamativo es que este problema suele considerarse "normal".
Nos hemos acostumbrado a él.
En L.E.M.S Mobility creemos que las barreras urbanas no deberían limitar la autonomía de las personas.
Las escaleras forman parte de nuestras ciudades.
Por eso estamos investigando nuevas formas de ayudar a superarlas de manera sencilla y segura.
Porque la movilidad no termina cuando aparece el primer escalón.
¿Por qué seguimos cargando peso como hace 50 años?
Cada semana millones de personas transportan bolsas de la compra, paquetes y objetos pesados por calles, aceras, cuestas y escaleras.
Sin embargo, aunque la tecnología ha transformado nuestros teléfonos, coches y hogares, la forma en que transportamos peso en nuestro día a día apenas ha cambiado.
Muchas personas siguen enfrentándose a los mismos problemas:
Subir la compra por escaleras.
Recorrer calles con fuertes pendientes.
Transportar peso hasta casa.
Vivir en edificios sin ascensor.
Acabar cansadas después de una tarea cotidiana.
Durante las últimas semanas hemos hablado con decenas de personas para comprender mejor esta realidad.
Los problemas más repetidos fueron claros:
El peso acumulado de la compra.
Las cuestas.
Las escaleras.
El esfuerzo físico necesario para transportar carga.
En L.E.M.S Mobility creemos que mover peso por la ciudad debería ser mucho más sencillo.
Por eso estamos desarrollando soluciones de movilidad eléctrica ligera capaces de ayudar a las personas a transportar carga por cuestas y escaleras con mucho menos esfuerzo.
Nuestro objetivo no es crear un producto complejo.
Nuestro objetivo es crear una herramienta sencilla, intuitiva y útil para la vida diaria.
Este es solo el comienzo del camino.
Cómo subir la compra a un quinto sin ascensor sin acabar agotado
Hay un momento que muchas personas conocen bien.
La compra ya está hecha.
Las bolsas pesan.
Has llegado al portal.
Y entonces aparece el verdadero obstáculo: cinco plantas sin ascensor.
En ese instante, la compra deja de ser simplemente una tarea cotidiana para convertirse en un esfuerzo físico que muchas personas afrontan cada semana.
No suele ocurrir una sola vez. Ocurre una y otra vez.
El problema no empieza en la primera escalera.
Empieza mucho antes.
Cuando eliges productos más ligeros.
Cuando decides no comprar varias garrafas de agua.
Cuando dejas para otro día aquello que pesa demasiado.
Cuando repartes la compra en dos viajes.
Poco a poco, el esfuerzo empieza a influir en las decisiones.
Y muchas veces ni siquiera somos conscientes de ello.
No es cuestión de fuerza.
Una persona puede estar perfectamente sana y caminar sin dificultad.
Sin embargo, subir veinte kilos por varias plantas supone un esfuerzo muy distinto.
Cada escalón obliga a levantar el peso una y otra vez.
El cansancio se acumula.
Los brazos empiezan a fatigarse.
La espalda trabaja más de lo habitual.
Y lo que parecía una compra normal termina convirtiéndose en una tarea agotadora.
¿Qué hacen hoy la mayoría de las personas?
Cada uno encuentra su propia solución.
Algunos hacen dos viajes.
Otros compran menos cantidad.
Hay quien pide ayuda a un familiar o a un vecino.
También hay personas que simplemente intentan aguantar el esfuerzo.
Y muchas personas, cuando tienen la posibilidad, prefieren alargar el recorrido para evitar una escalera o una cuesta pronunciada. No porque ese camino sea más corto, sino porque resulta menos exigente físicamente.
Con el tiempo, esos pequeños cambios terminan modificando la forma de hacer la compra, los recorridos habituales e incluso los comercios que se eligen.
Ninguna de estas opciones elimina realmente el problema.
Solo ayudan a convivir con él.
Una pequeña reflexión.
Imagina que sujetas una bolsa de la compra durante unos segundos.
Probablemente no te supondrá ningún esfuerzo.
Ahora imagina que tienes que mantener ese mismo peso mientras recorres varios cientos de metros y subes cinco plantas de escaleras.
El peso no ha cambiado.
Lo que cambia es el esfuerzo acumulado.
Muchas veces no es el objeto lo que resulta pesado.
Es la distancia, el tiempo y las barreras que encontramos por el camino.
Pensar la movilidad de otra manera.
Durante años hemos mejorado la forma de desplazarnos.
Han aparecido bicicletas eléctricas, patinetes eléctricos y muchos otros medios que reducen el esfuerzo para movernos.
Sin embargo, cuando llega el momento de transportar la compra hasta casa, millones de personas siguen enfrentándose prácticamente al mismo reto de siempre.
Quizá ha llegado el momento de empezar a pensar también en la movilidad de lo que transportamos.
Reflexión final
No todas las barreras urbanas nos impiden avanzar.
Algunas simplemente hacen que una tarea cotidiana requiera mucho más esfuerzo del necesario.
Y cuando ese esfuerzo se repite semana tras semana, acaba formando parte de nuestra forma de vivir.